Dar prioridad al combate contra la malaria

CRS Presidente, Ken Hackett

Ken Hackett

Estimados amigos:

La inmensa mayoría de los estadounidenses nunca ha contraído malaria. Pero, para quienes trabajamos en las agencias humanitarias internacionales, la malaria es un riesgo laboral. Algunos de nosotros en Catholic Relief Services hemos tenido la mala suerte de contagiarnos varias veces.

Recuerdo mi primer encuentro con esta horrible enfermedad parasitaria que es transmitida por mosquitos. Yo era un joven voluntario del Cuerpo de Paz en Ghana. Mi compañero de cuarto tenía una fiebre alta durante dos días, luego escalofríos y temblores. Su cuerpo estaba adolorido y se quejaba de terribles dolores de cabeza. Me mantuve tratando, con poco éxito, de que solo bebiera agua, pero él realmente sufría. El hospital más cercano estaba de 8 a 10 horas de viaje, ¡dependiendo de la barca! Ese viaje era imposible.

Para la mayoría de nosotros la malaria significa sufrir la molestia de síntomas semejantes al resfriado común: fiebre alta, sudor, dolor en las coyunturas y músculos. Pero para los niños en el mundo en desarrollo, y para aquellas personas que también tienen tuberculosis y HIV, la malaria puede ser mortal.

Cada año, entre 350 y 500 millones de personas contraen esta enfermedad en diferentes partes del mundo, la mayoría en África, y más de un millón muere. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), 90% de las muertes por malaria ocurren en el África sub-sahariana, y la mayor parte de las víctimas son niños. La OMS también informa que la malaria mata, en promedio, a un niño africano cada 30 segundos. Los niños que sobreviven malaria severa pueden luego sufrir de dificultades de aprendizaje y daño cerebral.

La malaria también tiene un costo económico. Para los adultos, significa pérdida de ingresos y de productividad. En África, los agricultores pierden en promedio dos meses de trabajo al año a causa de esta enfermedad. Los economistas estiman el costo de la malaria para África en más de $12,000 millones de dólares por año en ingresos perdidos, haciendo frenar a algunos países su crecimiento hasta en 1.3%.

Está claro que la malaria es al mismo tiempo causa y resultado de pobreza. Combatirla debe ser una prioridad.

Este mes tuve la oportunidad de viajar a Benin, en el África Occidental, para participar en la inauguración de la mayor campaña hogareña contra la malaria en la historia del país. Gracias a una donación de $22.6 millones para un periodo de seis años de parte del Fondo Global para Combatir el SIDA, Tuberculosis y Malaria, CRS encabeza un consorcio de cuatro miembros que trabajará con más de 1,400 organizaciones comunitarias con el propósito de educar a las familias y ofrecer a los niños cuidado básico para la malaria.

Este programa se dirigirá a más de 2 millones de niños menores de 5 años, con el fin de que aquéllos que tengan malaria puedan ser tratados en sus hogares en menos de 24 horas después de mostrar los primeros síntomas.

Se espera un tremendo impacto en las vidas de las familias de Benin. El enfoque comunitario significa que los niños afectados de malaria serán atendidos rápidamente. Lo mejor es que las comunidades se ayudarán a sí mismas.

CRS tiene programas contra la malaria en el África sub-sahariana, incluyendo tratamiento, educación en salud y poderosas medidas de prevención como la distribución de mosquiteros tratados con insecticida. Además del Fondo Global, recibimos substancial asistencia de la Iniciativa contra la Malaria, del Presidente Bush. Estos esfuerzos deben combinarse con una colaboración pública y privada amplia que permita erradicar los mosquitos que propagan esta horrible enfermedad.

Juntos podemos trabajar para asegurarnos de que algún día la malaria en África sea solo una molestia incómoda y no una sentencia de muerte.

Gracias por su continuo apoyo y sus oraciones.

Ken Hackett

Presidente