“Nunca he visto nada igual”

Por Michael Hill

Al llegar al estacionamiento del Petionville Club de Puerto Príncipe, Haití, uno se encuentra frente al magnífico patio de la sede del club. Después de subir una escalera, hay bancos y mesas y una linda barra para tomar tragos al aire libre.

“Es un club privado”, dijo Ken Hackett, presidente de Catholic Relief Services (CRS). “Es bonito”.

Un poco más allá está la piscina del club. Hacia la derecha, la salida al primer hoyo del campo de golf. Es aquí donde la vista cambia un poco. Algunos soldados estadounidenses descansan cerca de uno de sus camiones. Otros están por la calle: uno con una ametralladora, los otros sin armas.

Celestin Estana recibe de CRS un cupón para alimentos. La mujer y sus cuatro hijos viven en el campo de golf de Petionville, donde unos 50.000 haitianos se reúnen durante el día. De noche, llegan a ser casi 100.000 personas.

Celestin Estana recibe de CRS un cupón para alimentos. La mujer y sus cuatro hijos viven en el campo de golf de Petionville, donde unos 50.000 haitianos se reúnen durante el día. De noche, llegan a ser casi 100.000 personas. Foto de Lane Hartill/CRS.

“Un espectáculo increíble”


“Y, al voltearme y mirar hacia la pendiente vi miles y miles y miles de personas, debajo de todo tipo de carpas y refugios; el lugar está atestado, las voces llegan hasta donde estamos”, dijo Hackett. “Es un espectáculo increíble”.

Hackett hizo un breve viaje a Haití para el funeral del arzobispo de Puerto Príncipe, Joseph Carles Miot, y el vicario general, Charles Benoit, que tuvo lugar el sábado 23 de enero en el predio de la catedral. El terremoto destruyó la catedral y le quitó la vida a Miot y a Benoit. Hackett acompañó a representantes de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, entre los cuales se encontraba el Arzobispo Timothy Dolan, director de la junta directiva de CRS y arzobispo de Nueva York, que fue uno de los celebrantes de la misa de exequias.

Después del rito de dos horas, Hackett recorrió los lugares donde CRS está ayudando a los haitianos, y entre ellos el Petionville Club. Allí encontró unas 50.000 personas cuyos hogares fueron destruidos o dañados por el terremoto. Se han concentrado en lugares abiertos, como este campo de golf, buscando un lugar seguro donde vivir en tanto las réplicas sacudían la capital. A falta de campamentos formales para desplazados, era lo que había.

Samora Bwiesa estaba en el tercer piso de su casa cuando ésta colapsó por el terremoto que azotó Haití el 12 de enero. La están atendiendo en el hospital San Francisco de Sales.

Samora Bwiesa estaba en el tercer piso de su casa cuando ésta colapsó por el terremoto que azotó Haití el 12 de enero. La están atendiendo en el hospital San Francisco de Sales. Foto de Lane Hartill/CRS.

CRS, trabajando con unidades aerotransportadas del Ejército de los Estados Unidos —que brindan apoyo y seguridad— ha alimentado a miles de personas en el campo de golf. Esto es solo el comienzo. Está llegando mucha más comida. Una encuesta realizada en el campamento servirá para asegurar que la distribución sea equitativa. /p>

Vivir en la calle


“Por fin está llegando agua. Oxfam está haciendo sus mejores esfuerzos”, dijo Hackett. “Y tendremos que ocuparnos del saneamiento”.

En esta visita —la décima que hace a Haití— Hackett pudo ver por sí mismo los retos que deben enfrentar CRS y otras organizaciones de ayuda humanitaria. “He estado en otras zonas de terremoto, pero nunca he visto algo así”, dijo. “Por todas partes los edificios están destrozados, aunque cada tanto se ve uno que parece estar bien. Así son los terremotos”.

“Al manejar por las calles, hay que evitar las pilas de escombros. Se ven niños que con un simple martillo doméstico golpean los trozos de cemento que fueron su hogar”, dijo Hackett. “Otros salen de un apartamento destrozado, tal vez con un sofá que lograron rescatar. Y otras personas se esfuerzan con un auto aplastado por los escombros, tratando de sacarle partes que se puedan vender.

“Las calles están llenas de gente, porque es ahí donde viven”, dijo. “Las cierran de noche para que la gente pueda dormir allí mismo”.

Cuidado para los heridos


Hackett también fue al hospital San Francisco de Sales, o lo que queda de él. CRS ayudó a abastecer el hospital y ponerlo a funcionar. “En un extremo está la sala de maternidad, derrumbada. A un costado, la sala de rayos-X, derrumbada. Al otro, la sala de operaciones, colapsada”, agregó. “Rodean este patio que está lleno de todos los pacientes, víctimas del terremoto.

Un voluntario lleva un saco de 45 kilos (100 libras) de lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS).

Un voluntario lleva un saco de 45 kilos (100 libras) de lentejas que el gobierno de los Estados Unidos le proporcionó a Catholic Relief Services (CRS). CRS está llevando más de 90 toneladas de alimentos para distribuirlos entre los más de 50.000 haitianos desplazados que viven en el campo de golf de Petionville. Foto de Lane Hartill/CRS.

“Están haciendo operaciones allí mismo, al aire libre”, dijo. “Me contaron que habían hecho 80. Estuve hablando con un equipo médico que vino de Bélgica. Hay otros más”.

Hackett indicó que el consorcio AIDSRelief, que incluye a CRS y a la University of Maryland, trabajaba con este hospital desde antes del terremoto. “Acababan de organizar una asociación entre Maryland y el hospital San Francisco de Sales”, dijo. “Médicos de acá iban para allá, y otros de allá para acá. Ahora esto. Algunos de los encargados del hospital pensaban que deberían cerrar, pero otros, que podían seguir funcionando. Me alegro de haber podido ayudarlos a seguir. Eso ha salvado muchas vidas.

“Lo triste es que todavía hay cuerpos debajo de los escombros del hospital, entre los cuales están los de enfermeros y bebés de la maternidad”, dijo.

“Hay mucho para hacer”


Hackett dijo que CRS pudo brindar ayuda inmediata en parte porque muchos miembros del personal estaban en Los Cayos, lejos del epicentro del terremoto. Poco afectados por el sismo, vinieron a Puerto Príncipe y se pusieron a trabajar. CRS también tenía suministros ya ubicados en Haití y la República Dominicana: los trajeron y distribuyeron.

“Hay mucho para hacer”, dijo. “La destrucción es inmensa. Lo que sea que uno haga, hay que escuchar a los haitianos. Tal vez desde Ginebra u otro lugar parezca razonable hacer un bonito campamento con agua limpia y saneamiento a 160 kilómetros (100 millas) de Puerto Príncipe, pero podría suceder que nadie quisiera ir porque los trabajos están en la ciudad. Aunque hayan perdido los hogares, es allí donde la gente se va a quedar.

“Hay que calcular estas cosas”, dijo Hackett. “Es mucho trabajo y recién empieza. Hace 55 años que estamos en Haití y seguiremos allí durante mucho tiempo”.

Cómo ayudar


Michael Hill es el asociado de comunicaciones de la región de África subsahariana para Catholic Relief Services. Su oficina está en la sede mundial en Baltimore, Maryland.

Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.