El trabajo de una guatemalteca está enraizado en su pasado
Por Robyn FieserLucrecia Oliva conoce el impacto de la migración, la que divide familias y fragmenta las comunidades.
Pie: Lucrecia Oliva en su oficina en Guatemala. Foto por Robyn Fieser/CRS.
A la edad de 20 años, ella y su esposo fueron obligados a abandonar su nativa Guatemala en medio de la guerra civil que afectaba el país. Pasó ocho meses separada de su hija pequeñita. El padre de Lucrecia, un obrero industrial y sindicalista, fue perseguido y tuvo que escapar a Estados Unidos cuando ella contaba apenas siete años de edad.
Actualmente Lucrecia encabeza en Guatemala el trabajo de Catholic Relief Services en asuntos de migración, tráfico de personas y derechos humanos.
Lucrecia regresó a Estados Unidos en febrero para exponer sus experiencias y el trabajo de CRS en la compleja madeja de migración y problemas de derechos humanos de Guatemala. Más de la mitad de los 13 millones de habitantes del país más poblado de Centroamérica, subsiste en la pobreza. La falta de oportunidades económicas exacerbada por el devastador impacto de desastres naturales a los que es propensa, obliga a miles a escapar cada año en busca de trabajo.
"La pobreza, la injusta distribución de la tierra y los recursos, así como la exclusión –que crean una situación de injusticia–persisten en Guatemala", dice Lucrecia. "Emigrar es frecuentemente la única opción, la única esperanza, para la gente de mejorar su vida y alimentar su familia”.
Obligados a huir
Lucrecia y su esposo llegaron a Chicago en 1980. Su país estaba en guerra y miles de guatemaltecos huían al Norte.
Para lograr suficiente ingreso, Lucrecia realizaba trabajos ocasionales limpiando y pintando casas y colocando paredes de madera prensada, mientras estudiaba inglés de noche. Finalmente, llegó a la parroquia San Pío V en Pilsen, Chicago. Comenzó a trabajar con la extensa comunidad mexicana de la ciudad como coordinadora de servicios sociales.
Su propia experiencia la conectaba con otros inmigrantes. Algunos iban directamente a la iglesia desde la estación de tren tras el largo viaje desde México. A algunos les suministraba dinero para que llegaran a su destino, a otros una comida caliente o un trabajo temporal paleando nieve.
"Finalmente me sentía como que hacía algo", dice. "Comenzaba a entender sus necesidades y sus problemas y me sentía útil".
Permaneció en ese trabajo durante 11 años.
Durante su tiempo en la parroquia, comenzó a conocerse la magnitud de las atrocidades que ocurrían en Guatemala y se inició en el papel de activista. Ayudó a formar una organización con sede en Chicago para promover el respeto a los derechos humanos y crear conciencia de la situación en Guatemala. La base del grupo estaba constituida por activistas de la Iglesia, exiliados de otros países e intelectuales de Estados Unidos y Latinoamérica. Organizaban conferencias y recolectaban fondos para las victimas de la violencia.
"Era nuestra manera de dar voz a la gente de Guatemala que no podía hablar por sí misma", expresa Lucrecia.
Asume una causa en Guatemala
Lucrecia pasó 18 años en Chicago y tuvo otra hija. Pero en 1998, después de que en Guatemala se firmaran los acuerdos de paz, Lucrecia quería volver a su casa. Hoy, está en su país, asumiendo la causa de los migrantes.
Ha cambiado su papel de activista por el de facilitadora. No trabaja directamente con los migrantes sino que conecta las organizaciones locales con las fuentes de apoyo necesario para realizar su trabajo.
"Mi función es capacitar a las organizaciones con las que trabajo a fin de encontrar soluciones a los problemas que ellas enfrentan. Ofrecemos vínculos, recursos económicos y otras cosas a ciertas entidades que trabajan para asegurar que se respeten y protejan los derechos de los migrantes", dice.
CRS trabaja en Guatemala en asuntos de migración, creando conciencia y abogando por los grupos que laboran directamente con los migrantes.
Durante los pasados cuatro años Lucrecia ha coordinado esfuerzos para ayudar a los migrantes y abogando a su favor en nombre de CRS. Recientemente participó en un proyecto de investigación pionero que abarca varios países y documenta el creciente número de niños que se encaminan a Estados Unidos, solos o con contrabandistas. También ha trabajado con el tráfico de personas, monitoreo del Tratado de Libre Comercio con Centroamérica y República Dominicana (CAFTA-siglas en inglés); y La Memoria Histórica, un proyecto que documenta las violaciones de derechos humanos durante la guerra civil de Guatemala.
Robyn Fieser es la asociada regional de comunicaciones de CRS para América Latina y El Caribe con sede en Guatemala.
