Quedarse en casa en Guatemala y producir más
Por Kai HillUnos años atrás, los pequeños agricultores de Guatemala necesitaban un catalizador para el cambio.
Martín García trabaja en su parcela que tiene sistema de irrigación. Foto por personal de CRS.
Trabajaban en suelos pobres y no disponían de técnicas de cultivo modernas. Sus cosechas no alcanzaban para alimentar a sus familias, mucho menos obtener ganancias. Sus hijos lucían visiblemente desnutridos y frágiles. Y encontrar algún trabajo que valiera la pena usualmente significaba desarraigar la familia y forzar los hijos a dejar la escuela por temporadas enteras.
Pero las opciones eran escasas.
"Algunas veces dejábamos a los hijos en casa y mientras estábamos fuera ellos se enfermaban" relata Martín García Orellana, nativo de Cubulco, de 43 años de edad y padre de cuatro hijos. La familia de Martín, como otras, acostumbraba migrar a la costa sur de Guatemala para trabajar allí en los campos de caña de azúcar. "Esos eran tiempos duros para nosotros", agrega.
Hace cinco años, Martín vio la oportunidad de un mejor futuro cuando un sacerdote de la parroquia y el personal de Caritas Guatemala lo introdujeron al programa SEGAPAZ (Seguridad Alimentaria para la Paz). Este proyecto -administrado por CRS y financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, en inglés)- integra programas agrícolas con cuidado familiar de salud, nutrición, agua e higiene, así como prevención de enfermedades infantiles.
"CRS y sus socios promueven el desarrollo sostenible en sus programas," dice Nelson Guzmán, un técnico agrícola de CRS Guatemala. "Nuestros programas promueven el uso de un tratamiento holístico que enfoca a la vez varias causas de la pobreza y el subdesarrollo en que viven las familias", expresó Guzmán.
La familia Camaja. Foto por personal de CRS.
El programa Seguridad Alimentaria para la Paz fue implementado en 350 comunidades de cinco departamentos de Guatemala: Alta Verapaz, Baja Verapaz, Chiquimula, San Marcos y Zacapa. Uno de los principales objetivos del programa es acercar las familias para evitar la emigración y al mismo tiempo mantener a los niños en la escuela.
"Dos de mis hijos asisten a la escuela," dice Manuel Camaja Pérez, otro agricultor de Cubulco que acostumbraba irse a trabajar a la costa sur. "Esperamos que ellos sigan estudiando y superándose, a diferencia de lo que sucedió conmigo y mi esposa. Recuerdo que nuestros padres nos llevaban lejos con ellos a trabajar para ganar el sustento, así que no pudimos estar mucho tiempo en la escuela".
El periodo de migración abarca usualmente de octubre a marzo, que coincide con la mayor parte del año escolar. De acuerdo a un estudio realizado en 2005 por CRS en las ciudades de Cubulco y Rabinal, la migración causa fragmentación de las familias; 80% de los entrevistados le dijeron a CRS que se enfermaban con frecuencia mientras estuvieron lejos de casa.
Manuel Camaja riega plántulas en el invernadero comunitario. Foto por personal de CRS
"Se estima que más de 90% de las familias participantes dependen de la agricultura, que es por tanto el elemento central que enlaza los aspectos sociales, culturales, económicos y ambientales de la vida familiar, y es el medio que les permite mejorar sus vidas", dice Guzmán al referirse al programa SEGAPAZ.
Más y mejores cosechas
Al comenzar el programa, los campesinos se organizaron colectivamente y dividieron las parcelas de tierra para expandir y diversificar sus cultivos. El programa también ayudó a construir un sistema de riego de mejor calidad y ofreció adiestramiento técnico. Los campesinos aprendieron a producir abono orgánico con desperdicios agrícolas, a sembrar con distancias óptimas y mercadear sus frutos, entre otras cosas.
Martín García Orellana explica: "Lo mejor que he aprendido es que en vez de quemar el terreno para aclarar la superficie de siembra, es mejor agregar los desperdicios al suelo, lo que mejora el cultivo". Ahora Martín produce maíz, frijoles, guisantes, tomates, cebolla, cítricos y aguacates.
"Hoy día, más de la mitad de las familias obtienen más y mejores cosechas, por lo que mi familia ya no tiene que trasladarse a la costa sur para trabajar", dice Martín. La mejora de sus cosechas le permite obtener ganancias y adquirir más alimentos para la familia.
Con apoyo adicional de Cáritas, los campesinos establecieron un semillero donde, solo en 2005, produjeron 125.000 plántulas de guisantes y las vendieron a un precio que les permitió sostenerse durante el año. Esta asistencia les permitió construir un invernadero donde ahora cultivan tomates.
"Estábamos muy motivados a trabajar en el programa. Nos organizamos en grupos y nos enseñaron cómo cultivar en pequeñas parcelas para producir lo suficiente de manera adecuada, y eso es lo que hacemos ahora", dice Alberto García, otro agricultor participante.
Kai T. Hill es productora de Internet asociada de CRS. Trabaja en la sede central de Baltimore.
