Después de Mitch, guatemaltecos tuvieron mejoras en salud
En el periodo posterior a Mitch, un equipo multidisciplinario de expertos en salud introdujo prácticas para la prevención de enfermedades e higiene a las zonas rurales de Guatemala.

Después del huracán Mitch, Luis Alonso de CRS ayudó a introducir prácticas para la prevención de enfermedades higiene a las zonas rurales de Guatemala. Foto por Jim Stipe/CRS
Luis Alonso luce una sonrisa permanente que le lleva las mejillas sonrojadas hasta los ojos. Su mirada no se vuelve seria hasta que comienza a recordar el huracán Mitch. Este guatemalteco de nacimiento ha trabajado como gerente de un programa de salud de Catholic Relief Services durante 17 años. En el periodo posterior a Mitch, Alonso y un equipo multidisciplinario de expertos colaboraron en la prevención y tratamiento de enfermedades en la Guatemala rural y devastada por inundaciones. En un reciente viaje a la sede central de CRS, Alonso contestó algunas preguntas sobre su experiencia durante el huracán Mitch.
Kai T. Hill: ¿Dónde estaba cuando azotó el huracán Mitch? Describa lo que vio.
Luis Alonso: Estaba en mi casa en Ciudad de Guatemala cuando comenzó a llover. Los primeros informes decían que la tormenta seguiría hacia México, pero permaneció sobre Honduras por lo que llovió en Guatemala durante cuatro días. Toda la ciudad quedó a oscuras pero no tuvimos vientos muy fuertes. Los informes de radio indicaban que las condiciones iban a empeorar, por lo que decidí volver a la oficina de CRS más temprano. En cuanto llegué a la oficina, sonó el teléfono. Era un sacerdote de El Estor. Dijo que la zona estaba sufriendo problemas porque llovía tanto que los ríos habían crecido. Sucedieron incidentes semejantes en toda la región noreste y sudeste y en las afueras de Ciudad de Guatemala.
Kai: ¿Cuál es el rol del gerente de un programa de salud durante las emergencias?
Luis Alonso: En cuanto se presenta la emergencia, un equipo de expertos de varios sectores de CRS evalúa las condiciones y las necesidades de las comunidades afectadas. De manera que trabajamos en estrecha colaboración con asesores técnicos en agua y saneamiento; alimentos y nutrición; e higiene.
Kai: Describa algunos de los esfuerzos inmediatos del personal de CRS para responder a la emergencia.
Luis Alonso: La tormenta ya había azotado algunas regiones de Honduras, por lo que tuvimos tiempo de prepararnos para lo que sucedería en Guatemala. Antes de que llegara la tormenta enviamos dos equipos de asistencia de emergencia y evaluación: uno a Zacapa y el otro a Izabal. De inmediato comenzamos a preparar propuestas para conseguir medicamentos, utensilios de cocina y ropa para niños. Ya al segundo día se confirmó que todas las zonas bajas en el noreste y sudeste estaban completamente inundadas. Todas las comunidades cercanas a los ríos estaban inundadas. Rápidamente organizamos equipos de evaluación que visitarían las comunidades afectadas. Tuvimos que tomar rutas de alternativa porque las carreteras estaban cortadas. También teníamos la ventaja de tener vehículos con tracción 4 x 4. En otras comunidades viajamos por barco. Lo que nos ayudo a responder a la emergencia fue que la Iglesia y nuestros socios locales ya estaban en el lugar.
Kai: ¿Puede describir algunas de las condiciones que encontraron en los lugares que visitaron en esos días después de la tormenta?
Luis Alonso: Por lo general son familias muy pobres, pero después de Mitch la gente estaba viviendo en el barro. No tenían casas. Vi niños que estaban con biberones en el barro. Por eso tenían problemas de diarrea, pulmonía y la piel. La gente también estaba traumatizada. Llovió de noche mientras dormían de manera que cuando se despertaron los ríos se habían desbordado. El río Motagua era uno de los principales puntos de inundación, ya que comienza en el noreste y serpentea hasta el sur. Por eso las comunidades a lo largo del río, desde el norte hasta el sur, fueron arrastradas por el agua. El río Polochic en el norte también fue causa de inundaciones, junto con otros ríos más pequeños en las tierras bajas del norte de los departamentos de Quiche y Alta Verapaz. En el sur, el río Los Esclavos se desbordó y arrastró algunas comunidades de la costa del Pacífico. CRS tuvo que alquilar un viejo biplano ruso para poder llevar alimentos y suministros a una de las ciudades de la selva donde trabajaban los jesuitas.

Después del huracán Mitch, CRS dio máxima prioridad a la salud y el acceso a los medicamentos. Foto por personal de CRS
Kai: Describa a los habitantes de estas comunidades. ¿Cuáles son sus medios de vida en condiciones normales?
Luis Alonso: En Guatemala hay más de 20 grupos étnicos diferentes. Los grupos afectados en las regiones noreste y sudeste no eran indígenas, entre ellos había algunas comunidades afro caribeñas cerca de la costa del Atlántico. En el noreste hay grandes cultivos de banano y en el sur hay grandes plantaciones de café y haciendas ganaderas. La mayoría de las familias no tiene tierra propia. Más bien, trabajan en estas plantaciones y migran durante los ciclos de las cosechas. El maíz es parte de nuestra dieta diaria, de manera que ahora estas familias están siendo golpeadas por la crisis global de alimentos. Muchas de las casas eran muy frágiles y hechas de madera, con pisos de tierra y el techo de tallos de caña de azúcar. Una casa para una familia de siete personas puede tener una pieza grande donde duermen todos. Al evaluar las necesidades en estas comunidades descubrimos que es frecuente que los animales también vivan dentro de la casa. Por eso nuestro programa ampliado de educación sanitaria les enseñó a las familias a encerrar los animales en un corral, como forma de prevenir las enfermedades.
Kai: Algunos de los proyectos de rehabilitación que se implementaron a causa de Mitch ayudaron a CRS a establecer programas a largo plazo en algunas zonas. ¿Puede explicarnos alguno de estos proyectos y cómo han tenido un impacto duradero en comunidades que tenían muy poco antes de Mitch?
Luis Alonso: Desde el punto de vista de la salud de la comunidad, hemos establecido programas de agua y sanidad y programas para madres e hijos en el norte y en el sudeste. Varias comunidades ya tenían pozos de agua, de manera que ayudamos a conseguirles bombas. Había grandes inundaciones, por lo que el agua y la sanidad se volvieron de máxima prioridad. Tuvimos que enseñar a los pobladores sobre la sanidad del agua en el hogar, mediante la distribución de letrinas, cloro y jarras de plástico. Debido a Mitch dispusimos de más tiempo y recursos para dedicar a este renglón. Nuestros programas de preparación para desastres resultaron decisivos para ayudar a fortalecer la capacidad de los pobladores y hacerlos menos vulnerables en caso de desastres. En el sur, la gente construyó casas elevadas para evitar que se inunden cuando sube el nivel del agua. Las comunidades formaron comités de preparación que observan el nivel del agua durante las tormentas y envían señales con una bocina. Están equipados con chalecos anaranjados, radios y varas de medir: herramientas sencillas pero que salvan vidas. Los miembros de los comités suelen ser personas que gozan de gran estima en la comunidad. Hoy en día hay 1,200 comités activos en todo La Paz, San Marcos y Santa Rosa. La red de comités recibió el reconocimiento del gobierno en pie de igualdad con la institución nacional de alerta de desastres.
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