Hospital destruido, pacientes desesperados, médicos decididos
Por Lane Hartill
Vi muchas cosas en el hospital de las que no quiero hablar.
Son el tipo de cosas que te llevan a cubrirles los ojos a tus hijos. Quería cubrirme los míos.
De lo que puedo hablarles es del San Francisco del Sales, el hospital financiado por CRS que quedó casi destruido por el terremoto pero que está atendiendo a pacientes otra vez. Los haitianos que están allí te parten el corazón.
Un cartel improvisado marca el área preoperatoria afuera del hospital San Francisco de Sales. Foto de Lane Hartill/CRS.
Por ejemplo Sara, una niña de seis años con varias fracturas en la pierna izquierda. El sismo colapsó su casa y estuvo atrapada durante varias horas. Finalmente la rescataron y la llevaron al hospital. Está acostada, con camiseta blanca y pañales hechos con vendajes. La mamá, de boina roja, está sentada a su lado y le da cucharadas del arroz con frijoles que tiene en un envase de espuma de poliestireno. Ninguna de las dos se sonríe.
Muchas de las personas hospitalizadas estuvieron atrapadas en los escombros y sus horrendas heridas lo demuestran.
“Pensamos que si la gente sobrevivió al Apocalipsis del terremoto, entonces no deberían morirse por falta de cuidados”, dijo el Dr. Jude Banatte, del hospital San Francisco de Sales.“Lo que hacemos acá es darles la mejor atención posible”. Foto de Sara A. Fajardo/CRS.
Algunos estuvieron atrapados unos minutos; otros, horas. Muchos estuvieron sentados en el piso, soportando el calor y los olores, en varios hospitales de la ciudad.
Esperaron con paciencia a que los pudiera atender el personal médico que estaba asediado por gente destrozada, la que llegaba encima de mesas, puertas o cualquier otra superficie plana que estuviera disponible. De noche, los heridos dormían en la calle y deseaban que el día siguiente fuera mejor.
El Dr. Guesly Dalva, un haitiano que ahora trabaja en Baltimore, Maryland, en el Instituto de Virología Humana, está pendiente de Sara. Hace 15 años que vive en los Estados Unidos. Estudió medicina en la Tulane University de Nueva Orleans.
“Tenía miedo de venir por lo que estaba viendo en la televisión”, dijo. “La primera noche me puse a llorar”.
Y ahora está aquí, pendiente de Sara, y le habla a la mamá en creole haitiano, su lengua materna. A medida que transcurre la jornada, y que él destapa más y más heridas, se lo ve más deprimido.
El Dr. Guesly Delva (en el centro), un especialista en enfermedades contagiosas del Instituto de Virología Humana de la University of Maryland, Baltimore, está trabajando con Catholic Relief Services en el hospital San Francisco de Sales para atender a los sobrevivientes. Foto de Lane Hartill/CRS.
“Tengo una sensación de desesperación”, dijo. “Hay tanto para hacer. Sé que tal vez nos falte tiempo o recursos para aliviar tanto dolor y sufrimiento”.
El 99 por ciento de las personas hospitalizadas es de casos de trauma. A Stessy Jeannot, de 18 meses, que duerme con su falda de volados y suéter de terciopelo rojo, se le quedó una mano aplastada. Dore Lalanne, de 12, que duerme en ropa interior junto a una Biblia en francés, tiene heridas graves en las piernas. De todas formas mantiene el buen humor y se le ilumina el rostro cuando hablamos de fútbol y de su jugador preferido, el argentino Lionel Messi.
Fue duro ver a estos niños. Sin embargo, fue una alegría saber que por fin los estaban ayudando. Lo más difícil fue cuando un médico se acercó de prisa y me pidió que lo acompañara.
Hicimos camino entre los pacientes. Caminaba a una velocidad que me preocupó. Me llevó hasta un médico rubio, un belga que sostenía a una niñita de un año llamada Shleidem.
Una multitud de haitianos heridos sigue llegando al hospital San Francisco de Sales en Puerto Príncipe. CRS entrega al hospital alimentos, ropa e insumos médicos donados por católicos de la República Dominicana. Foto de Sara A. Fajardo/CRS.
En una cama a su lado, Vanessa, la madre de Shleidem, de 24 años, estaba a punto de ser operada. Tenía un corte profundo, muy feo, en la pierna. Había que limpiar y suturar esa herida. El médico belga me dijo que estas personas se habían quedado sin casa. Me preguntó si podía conseguirles dónde alojarse.
Había habido un error. Me habían visto más temprano tomando nota y pensaron que era un consejero. Y, sin que yo lo supiera, se había corrido la voz de que podía ayudar a las familias a encontrar dónde quedarse.
“Tengo miedo por la bebé”, dijo Dieuness, el padre de Shleidem. “No tenemos adónde ir”.
“Ánimo”, le dije, usando una frase que se oye con frecuencia. Me pareció lo único adecuado.
Sabía que con esa palabra no alcanzaba. ambién sabía que sin el San Francisco de Sales, la pierna de Vanessa pudo haberse infectado, y que Sara nunca habría recibido la ayuda de alguien como el Dr. Delva.
Hace tan solo unos pocos días los pacientes languidecían en el patio. Los médicos me contaron con espanto que durante el terremoto la sala pediátrica se derrumbó encima de la maternidad, la que a su vez se desplomó encima de unas salas de operaciones. Nadie sabe cuántas personas quedaron atrapadas. Algunos dicen 50. Otros, 75. La verdad es que nadie lo sabe.
La situación parecía tan desesperada que el director médico pensó en cerrar el hospital.
Entonces apareció Anna Van Rooyen.
Anna tiene una personalidad que no se da por vencida. Habla cuatro idiomas y puede hacer varias cosas a la vez. Lo más impresionante es que aun en el caos de Puerto Príncipe, tiene sentido del humor.
Está decidida a lograr que el San Francisco de Sales, construido en 1881 y uno de los hospitales más antiguos de Puerto Príncipe, vuelva a funcionar otra vez. Trabaja en el equipo de AIDSRelief. El consorcio, que incluye a CRS, está asociado al San Francisco de Sales. Después del terremoto, se nombró a Anna directora del equipo de salud de CRS para responder a la emergencia. Ayudó a organizar la visita de un equipo de médicos y bomberos belgas. Los bomberos excavaron en los escombros del hospital y llegaron al depósito de insumos médicos. Anna logró conseguir más suministros médicos. Enfermeros y médicos de toda la ciudad, trabajando como voluntarios, empezaron a atender pacientes en el patio. Consiguió que limpiaran un edificio que no se había derrumbado, uno que CRS había ayudado a construir: serviría como sala de operaciones. Hasta consiguió una ambulancia para el hospital.
Ahora hay tres salas de operaciones que funcionan simultáneamente. Hacen muchas amputaciones y limpian heridas. De un edificio destrozado sacaron un refrigerador y lo limpiaron para poder almacenar sangre. Anna le solicitó sangre a las Naciones Unidas.
El hospital San Francisco de Sales está funcionando otra vez.
Y la mejor noticia: están por llegar cirujanos de la University of Maryland.
Este edificio histórico destrozado está por alzarse nuevamente.
Anna lo da como un hecho.
Cómo ayudar
- Done por teléfono: 1 (888) 277-7575
- Done por celular: Envíe un mensaje de texto que diga RELIEF al 25383 para donar 10 dólares.
- Done en línea: www.crsespanol.org
- Escriba un cheque:
Catholic Relief Services
P.O. Box 17090
Baltimore, Maryland 21203-7090
Por favor escriba "Haiti Earthquake" en la línea de memo de su cheque. - Envíenos un money order:
Hágalo a nombre de CRS/Haiti.
Lane Hartill, asociado regional de comunicaciones, envió este informe desde Puerto Príncipe, Haití.
Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.
