Recordando a Mitch: el huracán que inspiró el cambio
Cuando el huracán Mitch azotó la región, Chris Tucker era la Directora Regional para América Latina y el Caribe. La Sra. Tucker ayudó de manera innovadora a reformular cómo respondemos a los desastres luego de los daños cuantiosos que dejó Mitch. La Sra. Tucker comenzó su trabajo con CRS in 1980. Su primer puesto fue en Colombia donde trabajó como monitora y evaluadora de proyectos en producción agrícola y el desarrollo de pequeñas empresas. En su trabajo con CRS ha servido por toda América Latina, en el Norte de África y en el Oriente Medio. Actualmente está en la sede mundial en Baltimore como Directora Regional para el Atlántico-Medio y sirve como Vice-Presidenta interina para las Operaciones en EE. UU.
¿Dónde estaba cuando el huracán Mitch azotó el área?
En esa época era la Directora Regional para América Latina y el Caribe. Todos los años visitaba cada uno de los países, y me tocaba visitar Bolivia. Oí las noticias cuando volví esa noche al hotel en La Paz. Nos habíamos enterado días antes que la tormenta estaba en camino, pero no sabíamos lo fuerte que iba a ser. Cuando recibí el llamado telefónico de la sede central y empecé a saber más de las noticias, comencé a pensar en todas las cosas que teníamos que llevar a cabo, qué personal teníamos en el país y en los países cercanos, qué debía estar en su lugar para que nuestra respuesta pudiera ser rápida y qué oportunidades podía haber.

Cuando el huracán Mitch azotó la región, Chris Tucker era la Directora Regional para América Latina y el Caribe. Foto por Richard Anderson para CRS
¿Cuál fue su reacción inicial a toda la devastación?
Siempre que hay una gran emergencia, las personas más afectadas son las que trabajan en el lugar, las que viven en la zona. Uno inmediatamente se preocupa por la seguridad de nuestro propio personal y por las personas a quienes servimos en el extranjero. Un factor que complicaba la situación era que la violencia creciente en Kosovo también estaba en el horizonte de nuestra agencia, y no quedaba claro cómo el tener emergencias en dos frentes podría afectar nuestra capacidad de movilizar personal o recursos financieros.
Teníamos gente en el país, pero no solo en Honduras, sino también en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Muy pronto quedó claro que debía ser una respuesta regional más que limitada a un solo país. En los días que siguen a un desastre siempre se plantea la pregunta de cuándo deberían empezar los viajes desde el exterior. Por un lado, hay un fuerte deseo de acudir para mostrar solidaridad; por otro, sabemos que se está haciendo mucho trabajo que fácilmente podría resultar interrumpido. Decidí no ir a la región inmediatamente por varios motivos. Teníamos buenas comunicaciones con cada uno de nuestros representantes en los países afectados, de manera que sabíamos lo que estaba sucediendo sobre el terreno. Al mismo tiempo Mitch afectaba a varios países, por lo que era más fácil comunicarse con todos los países afectados desde Baltimore que desde Tegucigalpa, por ejemplo.
En el primer par de semanas también están en juego las dimensiones personales de una emergencia; el personal de las agencias de asistencia que está en el terreno también está organizando su propia vida, contestando a preguntas tales como: ¿Tengo casa? ¿Tengo empleo? ¿Mis hijos están a salvo? Al mismo tiempo se está desarrollando la parte profesional, tales como: llevar equipos a las áreas afectadas para que evalúen las necesidades, conversaciones con nuestros socios y con los gobiernos acerca de los recursos disponibles, decidir cuál debería ser la respuesta de CRS. Yo sabía que esto era lo que el programa en cada país iba a estar haciendo a corto plazo.
¿Qué lecciones aprendimos del huracán Mitch?
Cuando fui a Honduras, ya había comenzado el trabajo inicial sobre el terreno y podíamos empezar a pensar en nuestra respuesta de conjunto. Es aquí donde el huracán Mitch nos deja lecciones importantes. Era la primera vez que CRS miraba la respuesta a una emergencia a través del lente de la justicia.
Antes, la respuesta de la agencia generalmente se enfocaba casi exclusivamente en las actividades en el exterior relacionadas con el auxilio y la recuperación, y en las actividades de la oficina central relacionadas con la recaudación de fondos. Eso es lo que sucede en cualquier emergencia. En el caso de Mitch, la respuesta de auxilio y la recaudación de fondos habían comenzado de inmediato. Pero el impacto de trabajar a través del lente de la justicia social fue que tuvimos muy en cuenta que sin una perspectiva más amplia desde la justicia, de alguna manera podríamos estar reconstruyendo la pobreza que existía antes. Queríamos ir más allá del auxilio y el desarrollo y mirar las estructuras que existían antes de Mitch y que harían que las personas más afectadas siguieran siendo pobres y vulnerables. Sabíamos que esto sucedería a menos que las relaciones cambiaran profundamente. Nos preguntamos qué relaciones tenían el mayor impacto sobre los pobres y qué debíamos hacer para mejorar las cosas a largo plazo para conseguir resultados más alentadores. Evidentemente había relaciones importantes en el ámbito local y municipal, pero también las había entre los Estados Unidos y América Central, y entre la Iglesia Católica en Estados Unidos y en América Central. Vimos estas relaciones como una oportunidad para interactuar con ellas y contribuir positivamente a nuestra respuesta.
¿Qué forma tomó este nuevo enfoque?
Al principio no estábamos seguros la forma que tomaría. Todos los representantes de CRS de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua vinieron a Baltimore y se reunieron con integrantes de lo que eran, en aquella época, los departamentos de Domestic Outreach, Communications y Policy/Strategic Issues. Nos preguntamos de qué relaciones estábamos hablando y si no íbamos simplemente a reconstruir la pobreza que existía antes.
Las relaciones locales eran sumamente importantes por la mayor vulnerabilidad de los pobres especialmente en situaciones de emergencia. Por eso hicimos hincapié en que las respuestas locales deberían ser elaboradas por los propios grupos e instituciones de las comunidades junto con los funcionarios locales. Trabajamos por intermedio de nuestros socios para lograr que estas comunidades se organizaran y tomaran decisiones importantes acerca de quiénes eran las personas más afectadas y qué actividades de desarrollo eran las más apremiantes. Nuestras respuestas locales se orientaron en buena medida en estos planes.

CRS nunca había tenido nada que se pareciera a los puentes Bailey en nuestras anteriores respuestas a emergencias, ni a la gente con experiencia en armarlos. Pero decidimos ayudar a facilitar los esfuerzos. Foto por personal de CRS
Era fundamental analizar la relación con América Central y con los Estados Unidos porque iba a afectar nuestra respuesta en el exterior de alguna manera, ya sea positiva o negativamente. Nos dimos cuenta que debíamos abogar ante el gobierno de los EE. UU. en tres temas: para aumentar el nivel de la asistencia que el gobierno de EE. UU. enviaba a América Central, para el perdón de la deuda de los países más afectados y para detener aunque fuera temporalmente la deportación de personas de vuelta a esos países. Esto era muy nuevo para nosotros. Habíamos trabajado abogando por algunos temas anteriormente pero nunca habíamos hecho la conexión con situaciones de emergencia. Sin embargo sabíamos que estos tres temas iban a tener un efecto profundo sobre nuestra capacidad de dar respuestas eficaces en el exterior, a corto y a largo plazo.
Un tercer componente que surgió en esa reunión también fue muy diferente. Volviendo a la idea del lente de la justicia, observamos otra dimensión de las relaciones: la Iglesia en EE. UU. y la Iglesia en América Central. Queríamos que la Iglesia en EE. UU. viera su rol desde otro punto de vista. Por cierto que la recaudación de fondos y los suministros materiales eran absolutamente importantes (hoy en día diríamos “esenciales para la misión”) y estábamos agradecidos. Al mismo tiempo, queríamos algo más profundo, algo que pudiera durar más allá del corto plazo y la urgencia de la crisis. De manera que empezamos a hablar con los obispos y las diócesis, especialmente del Sur Oeste, acerca de una relación a largo plazo con la Iglesia local por intermedio de Catholic Relief Services. Esto interesó especialmente a los obispos de Texas – Oklahoma. Algunos incluso nos preguntaron por qué habíamos demorado tanto en pensar en esto. Vale notar que algunas de esas relaciones se mantienen después de diez años.
Hubo otro ejemplo de más lejos: la Arquidiócesis de Boston. Teníamos esta estrategia de vincular a la gente con América Central, y por ello la gente de la Arquidiócesis hizo una propuesta innovadora. Contaban con ingenieros y conexiones con funcionarios del gobierno local que tenían acceso a equipos y puentes. En vista de la cantidad de puentes que habían sido destruidos en América Central, aislando comunidades pobres, decidieron que querían contribuir puentes Bailey [puentes que se arman con segmentos prefabricados]. Esto no tenía precedentes. CRS nunca había tenido nada que se pareciera a los puentes Bailey en nuestras anteriores respuestas a emergencias, ni a la gente con experiencia en armarlos. Pero decidimos ayudar a facilitar los esfuerzos. La diócesis de Boston proporcionó los puentes. Llevaron a los ingenieros al lugar. Pagaron el transporte. Nosotros trabajamos para que fuera posible. En total se enviaron y construyeron 23 puentes. Lo importante en el caso fue que no nos quedamos con lo que se había hecho en el pasado sino que creamos un espacio para que la gente pudiera dar respuestas creativas a las necesidades fundamentales que nunca podríamos satisfacer si dependíamos de nuestras formas habituales de recaudar fondos.
Retrospectivamente, ahora que hace 10 años que el Huracán Mitch azotó la zona, ¿qué cosas han cambiado o siguen iguales en CRS?
Uno de los muchos cambios es que cuando sucede una emergencia, ahora como agencia pensamos en el papel que los católicos de EE. UU. pueden tener en los esfuerzos de auxilio. También lo son las otras oportunidades que transforman la vida de la gente en EE. UU. de otras maneras. Cuando el huracán Mitch dijimos: es un desastre terrible, hagamos lo que podamos... la solidaridad tiene muchas formas. Nuestro mensaje de rezar, aprender, actuar y donar es oportuno en momentos de emergencias y también en los tiempos comunes.
Me llamó mucho la atención un vídeo que se hizo el año pasado acerca del tsunami. Una de las viñetas era sobre una estudiante en EE. UU. Cuando se enteró del tsunami quiso ayudar. Pegó cuentas a unos lapiceros para venderlos y ayudar a las víctimas del tsunami. Al final, el impacto no tenía tanto que ver con los pocos cientos de dólares que recaudó sino de cómo su vida se transformó por lo que hizo. Antes del huracán Mitch, no éramos tan conscientes de las dimensiones más amplias de la solidaridad. Esta niñita tipifica para mí exactamente lo que puede significar.
Sara Fajardo es asociada de comunicaciones de CRS. Trabaja en la sede mundial de CRS en Baltimore.
Presione aquí para ver más reflexiones de la respuesta de CRS después del huracán Mitch:
Recordamos el huracán Mitch – 10 años después
Reflexión de Doug Ryan
Empleado de CRS recuerda cuando Mitch lo dejó sin casa
Reflexión de Veronica Alvarez, CRS/Nicaragua
Recuerdos del huracán Mitch: Claudia Carcache y Magda Cajina
'Mitch nos despertó'
Un rescatador después del huracán Mitch pondera los éxitos
Después de Mitch, guatemaltecos tuvieron mejoras en salud
Carta del Presidente de CRS
Catholic Relief Services apoya la respuesta de emergencia en Honduras
Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.
