Nicaragua
Situado entre Honduras al norte y Costa Rica al sur, Nicaragua es el país centroamericano de mayor extensión y uno de los que tiene mayor diversidad ecológica. Sus lagos, volcanes y selvas tropicales crean el entorno para una biodiversidad increíble y un potencial casi sin explotar de recursos naturales. Pero su historia turbulenta ha mantenido a Nicaragua entre los países más pobres de América Latina. Según las Naciones Unidas, el 80% de sus pobladores vive con menos de $2 por día, lo cual es una proporción mayor que en cualquier otro país de América Latina y el Caribe.
Foto por Martin Lueders para CRS
Sin embargo, la riqueza en recursos naturales,
el potencial agrícola y su presencia cada vez mayor en los mercados regionales
e internacionales, preparan a Nicaragua para el crecimiento y el desarrollo
verdaderos. Con inversión adecuada en salud, educación, infraestructura y,
sobre todo, agricultura, la mayoría de la población
–pequeños productores rurales y otras comunidades marginadas– se beneficiaría
con el crecimiento económico. Los nicaragüenses son decididos, con una profunda
capacidad de autosuficiencia, resistencia y solidaridad comunitaria. Pero necesitan nuestra ayuda.
Catholic Relief Services trabaja en Nicaragua desde 1960, centrando sus esfuerzos en las personas más pobres y vulnerables del país. En colaboración con la Iglesia Católica y organizaciones de la sociedad civil, CRS trabaja para mejorar las condiciones de vida de miles de nicaragüenses brindando apoyo a proyectos de agricultura; microfinanzas; servicios de salud y preparación para emergencias; y sociedad civil y derechos humanos. Nuestros esfuerzos se enfocan en las áreas rurales donde la pobreza es peor, en 7 de los 15 departamentos del país y en la costa del Caribe.
La oficina principal de CRS se encuentra en Managua y hay una sucursal en Sébaco, en el departamento de Matagalpa. Conor Walsh es el representante de CRS Nicaragua.
El trabajo de CRS en Nicaragua
Agricultura
La mayoría de los pobres de Nicaragua viven en áreas rurales y dependen en gran parte de la agricultura para subsistir. Con acceso muy limitado al crédito, a maquinarias y a infraestructura, los campesinos del segundo país más pobre del hemisferio luchan por alimentar a sus familias plantando maíz y frijoles para los mercados locales.
Hoy en día, las fuerzas económicas globales están obligando a los productores nicaragüenses a buscar alternativas a la venta de sus cosechas en los mercados locales, donde los precios son bajos e impredecibles. Un sustento estable depende hoy en día de colocar las cosechas en los tramos de los supermercados y en las manos de compradores en Nicaragua y en el exterior.
El programa agrícola emblemático de Catholic Relief Services Nicaragua trabaja con 5.400 productores en 44 municipios de Nicaragua para que hagan esa transición de vender localmente a poder competir dentro de las cadenas formales de comercialización en el ámbito nacional, regional e internacional. El proyecto de $7.6 millones financiado por la Agencia de los EE. UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), y conocido como ACORDAR (sigla en inglés; Alianza para la Creación de Oportunidades de Desarrollo Rural a través de Relaciones Agro-empresariales), tiene como meta crear 23.000 nuevos empleos y al mismo tiempo elevar los ingresos de la mayoría de los participantes al menos en un 20%.
Por medio de esta alianza –una combinación única de organizaciones no gubernamentales internacionales y locales, gobiernos municipales y el sector privado– los productores reciben capacitación en diversificación y procesamiento de cultivos y técnicas poscosecha que satisfagan los estándares agrícolas nacionales e internacionales y al mismo tiempo aprenden habilidades de negocios y administración. Las mejoras en infraestructura, tales como una instalación para comercialización, también han facilitado el éxito actual de estos productores.
Con una donación de la fundación Howard Buffett para toda América Central, CRS ayuda a las familias nicaragüenses a administrar y proteger los recursos de agua de las comunidades de manera que los productores pobres puedan aumentar su producción agrícola y sus ingresos.
Microfinanzas
Los campesinos nicaragüenses necesitan créditos accesibles, sea para comprar semillas y fertilizante, criar ganado o evitar la venta de una cosecha hasta que suba el precio. CRS Nicaragua administra un fondo de microcrédito que busca aumentar los ingresos de las familias productoras y hacerlas más competitivas en un mercado cada vez más global. Más de 3.000 familias en 10 municipios del norte de Nicaragua han aprovechado los pequeños préstamos que ofrecemos por vía de una red de socios locales.
CRS también usa la financiación para ayudar a las cooperativas organizadas de productores a desarrollar y poner en práctica planes de negocios que mejoren las posibilidades de comercialización de sus cultivos y en definitiva generen mayores ingresos. Por ejemplo, cinco cooperativas asociadas que reúnen a 900 productores han utilizado los préstamos para producir y exportar cultivos más rentables como calabaza y cebolla dulce, y para construir una planta de almacenamiento y envasado muy necesaria.
CRS también encabeza un esfuerzo dirigido a asegurar que las instituciones de microfinanzas puedan alcanzar su meta original y más importante: brindar servicios a hombres y mujeres que de lo contrario se verían excluidos del sistema bancario formal. En este momento en que los bancos comerciales y otras instituciones con fines de lucro se disputan un lugar en el mercado de microfinanzas, las instituciones tradicionales de microfinanzas se ven presionadas a preservar sus resultados, aumentar sus portafolios y operar con más eficiencia. El efecto es que la filosofía que dio origen al movimiento –mejorar la vida de las personas más pobres y excluidas del mundo– se ha perdido en el proceso.
Parcialmente financiado por la Fundación Ford, el proyecto MISION que encabeza CRS está trabajando con 10 instituciones de microfinanzas sin fines de lucro en Nicaragua y Perú para ayudarlas a medir su impacto social, con el objetivo final de llegar a 100 instituciones más antes de la terminación del proyecto.
Servicios de la salud y preparación para emergencias
El aislamiento geográfico, el acceso limitado incluso a los servicios sociales más básicos y los patrones climáticos extremos causados por el calentamiento global contribuyen a hacer que la Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua sea particularmente vulnerable a los desastres naturales. En septiembre de 2007, el huracán Félix devastó la región, una de las más pobres del país, y mató a un centenar de personas. Esta tormenta categoría 5 trajo fuertes lluvias e inundaciones, destruyó comunidades de mizquitos enteras a lo largo de la costa caribe norte y tierra adentro, y destrozó cultivos –y futuras cosechas– de estos campesinos que se dedican principalmente a la agricultura de subsistencia.
Ese mismo año los huracanes Stan y Beta habían arrasado varias comunidades indígenas ubicadas en las márgenes del Río Coco en la frontera con Honduras. En ambos casos CRS y su socio local de muchos años, el Vicariato de Bluefields, actuaron rápidamente y proporcionaron ayuda de emergencia en la forma de alimentos y materiales para la construcción de refugios temporales en las zonas más apartadas de la región.
Hoy en día, CRS brinda asistencia para reconstruir las comunidades y aliviar la pobreza en esta región mediante programas que mejoran la salud, reactivan la producción agrícola y preparan a las comunidades para que puedan enfrentar mejor los futuros desastres. CRS provee alimentos muy necesarios a más de 1.500 mujeres embarazadas y madres lactantes, junto con capacitación en higiene, dieta adecuada y preparación y respuesta para emergencias.
CRS trabaja con estas comunidades para enfrentar la falta generalizada de agua potable mediante la construcción y reparación de sistemas de agua comunitarios, letrinas y aljibes, y la enseñanza a las familias de formas sencillas de juntar y purificar el agua. Con su ayuda para despejar los escombros de los campos, plantar nuevos cultivos y proporcionar las herramientas y semillas indispensables, CRS buscar reconstruir formas más resistentes de ganarse la vida y mejorar la producción agrícola en esta zona poco habitada.
Este esfuerzo a largo plazo, que hace hincapié en la enseñanza de una mejor administración de los recursos naturales, el mejoramiento de las tierras degradadas, y en promover la formación de equipos de emergencia, permitirá a estas comunidades mejorar su forma de vida y protegerse de futuros desastres.
La sociedad civil y los derechos humanos
El alto nivel de desempleo y el aumento en la pobreza de Nicaragua han producido un flujo constante de migrantes desde las zonas rurales a las urbanas, a Costa Rica y a Estados Unidos. Hoy en día, la cuarta parte de los nicaragüenses vive fuera de su país. Unos 450.000 nicaragüenses viven en la cercana Costa Rica, donde la economía es más fuerte y los empleos más abundantes. En el transcurso de su desplazamiento, estos migrantes son especialmente vulnerables a los abusos de la policía y los agentes del gobierno. A menudo los migrantes nicaragüenses son víctima de prácticas laborales abusivas. CRS se preocupa cada vez más por los peligros de la trata de personas.
CRS Nicaragua mantiene dos refugios en ciudades fronterizas de Nicaragua y Costa Rica que brindan alimentos, refugio y asesoramiento jurídico a los nicaragüenses que migran hacia Costa Rica. El programa también apoya los esfuerzos de promoción y apoyo en ambos países que reclaman reformas legales y políticas para la mejor protección de los derechos de los migrantes nicaragüenses. CRS y nuestros colaboradores de las iglesias locales trabajamos para establecer comités de vigilancia comunitaria para descubrir e impedir la tragedia de la trata de personas.
Las maquiladoras, que se benefician de la oferta laboral barata que trae el flujo constante de migrantes, se han extendido por todo el país y contribuyen a acelerar la migración interna. Estas plantas de montaje, que operan en zonas libres de impuestos y están en manos de extranjeros, emplean miles de trabajadores nicaragüenses. Se espera que su número aumente dado que Nicaragua firmó el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos.
Debido al aumento de la competencia, las condiciones laborales en las maquiladoras son precarias y los trabajadores suelen desconocer sus derechos como empleados. CRS Nicaragua busca erradicar las causas de las violaciones laborales y apoyar una cultura de respeto a las leyes laborales, con dos centros de información que educan a los trabajadores sobre sus derechos laborales y les brindan asesoramiento jurídico sobre los procedimientos y documentos necesarios para ejercer esos derechos. El proyecto es parte de un esfuerzo regional que incluye los programas de CRS en Cosa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala y Honduras –todos países miembros del Tratado de Libre Comercio entre Estados Unidos y América Central.
La historia de CRS en Nicaragua
En los últimos 30 años Nicaragua ha sufrido un terremoto que destrozó la capital, una revolución que hizo caer a una dictadura corrupta y violenta, la contra-revolución auspiciada por EE. UU. que la siguió, y varios huracanes devastadores. Su trabajo junto a la Iglesia Católica y otros socios locales permitió a Catholic Relief Services acompañar a los nicaragüenses durante todo esto.
En 1964, en colaboración con la Iglesia Católica y socios laicos, CRS se centró en la distribución de alimentos, ropa y medicamentos, asistiendo así a 200.000 víctimas de los estragos causados por huracanes.
En la década de 1970, CRS continuó implementando un programa de alimentos financiados por el gobierno de EE. UU. para niños en edad escolar. CRS también lanzó el primer proyecto de “fondos rotativos” que fue el precursor de los programas de microfinanzas que ahora se han generalizado.
El gran terremoto de Managua, en 1972, mató a cerca de 100.000 personas, dejó a 300.000 sin techo y arrasó Managua, capital de Nicaragua, cambiando para siempre la fisonomía de la ciudad. CRS respondió con un esfuerzo de reconstrucción de $6 millones a lo largo de varios años, que se implementó con Cáritas Nicaragua.
El triunfo de la revolución sandinista que derrocó al dictador Somoza en 1979 se vio frustrado por una contra-revolución apoyada por el gobierno de EE. UU, que intentó derribar al gobierno sandinista. En vista de la inseguridad de un país en guerra y las dificultades logísticas que creó un embargo comercial a Nicaragua, CRS trasladó el programa y el personal internacional a Costa Rica. La asistencia de CRS en esta época, implementada por vía de organizaciones eclesiales, incluyó la distribución de medicamentos, alimentos y suministros de emergencia después del huracán Joan en 1988.
En 1990, CRS volvió a abrir una oficina en Nicaragua. Con programas que se enfocan en agricultura, salud y microfinanzas, CRS ha aumentado su participación con las Cáritas diocesanas para incluir cuatro comisiones de justicia y paz diocesanas. Estas comisiones, fundadas por los respectivos obispos para enfrentar el volátil período posconflicto, promovieron el diálogo sobre los delicados temas de desarme y reintegración de los grupos armados. El personal de CRS trabajó para fortalecer los vínculos clave con los funcionarios de los ministerios del gobierno, representantes de la iglesia local, y socios y benefactores del país, al tiempo que mantenía una postura no partidaria en un entorno político muy polarizado y a veces violento.
En 1998 el huracán Mitch, que mató a 3.800 personas en Nicaragua, demostró la enorme vulnerabilidad del país frente a los desastres naturales y subrayó su impacto sobre los pobres. El huracán Mitch llevó a un replanteo de la importancia de la justicia como fundamento de los programas pensados para enfrentar la pobreza.
En una escala global, CRS comenzó a promover una mayor toma de conciencia sobre los temas de justicia en el desarrollo, que en Nicaragua encontraron su expresión en Global Solidarity Partnerships (Asociaciones para la solidaridad global). Pensadas para vincular católicos en EE. UU. y en Nicaragua, estas efusiones de solidaridad internacional tuvieron por resultado la construcción de puentes en las zonas más afectadas por el huracán Mitch. Durante el proceso se tendieron otros puentes, de comprensión —fundados en la conversión personal— entre Estados Unidos y Nicaragua.
A poco tiempo de la devastación causada por el huracán Mitch sucedió otra crisis, el colapso en 2001 del precio internacional del café. Esta crisis, que enfrentó a caficultores hambrientos y desempleados con terratenientes y el gobierno, estuvo cerca de tener un estallido violento. Con el apoyo de CRS, la Iglesia Católica local encabezó los esfuerzos para calmar la situación, llamó al diálogo y pidió asistencia inmediata y ayuda a largo plazo para el desarrollo.
Esta experiencia le permitió a CRS promover el concepto del comercio justo y de los negocios equitativos en general. Trabajando a través de cooperativas de pequeños productores, CRS abrió mercados en Estados Unidos para el café con certificación de comercio justo, y simultáneamente promovió la producción de café orgánico y la diversificación de cultivos.
Hoy en día CRS trabaja, con un equipo de 40 personas, en siete de los departamentos y regiones autónomas de Nicaragua. CRS apoya diversos programas que combinan la preparación y respuesta para emergencias con la asistencia a largo plazo para el desarrollo, y benefician a más de 63.500 personas sin importar su religión u origen étnico. Esta asistencia tiene un “enfoque basado en los medios de subsistencia sostenibles”. Los programas están diseñados para ayudar a las personas a salir de la pobreza y llevar una vida sostenible, saludable y productiva.
