Sin agua no hay vida
Por Robyn FieserEs un polvoriento día de marzo en el sediento pueblito de Potrerillo, en el norte de Nicaragua. Quince aldeanos se agolpan en una escuela de concreto de una sola aula para tratar sobre la construcción del acueducto comunitario. El acueducto, financiado por CRS, bombeará agua desde un manantial cercano hasta las casas de 15 familias locales, muchas de las cuales actualmente deben recorrer hasta un kilómetro y medio para obtener el preciado líquido.
Como parte de un proyecto que llevará agua a 15 familias de la comunidad, CRS ayudará al cultivador de cebollas Oscar Hudiel Fuente a expandir su sistema de irrigación por goteo. Foto por Robyn Fieser/CRS
Debaten la formación de comités. Se encarga de todo los grupos comunitarios, desde clorar el agua hasta escribir las reglas para usarla. Se habla de que las comunidades vecinas ayuden en la colocación de más de 4.000 pies de tubería subterránea que se necesitan. Asisten muchos que no se beneficiarían directamente, pero participan.
"Si no tenemos agua, no tenemos nada. Es fundamental", dice Donald Dávila, residente de Potrerillo. "Yo no voy a recibir agua de este acueducto, pero tengo una hija pequeña en la escuela y la comunidad sabe que los estudiantes son nuestro futuro", agrega Dávila.
Ausentes notables son los hijos de uno de los terratenientes. Se necesita su permiso para construir el proyecto. "Su padre aprueba el proyecto, pero ellos no, envían mensajes pero nunca asisten a las reuniones", dice Leonidas Casco, un ingeniero agrícola que trabaja con el socio de desarrollo agrícola de CRS Fundación de Investigación y Desarrollo Rural. "No lo comprendemos", agrega Leonidas.
Respuesta por la comunidad entera
Durante años, relaciones tirantes de una u otra clase han demorado proyectos que traerían agua permanente a esta comunidad agrícola. Es un ejemplo de lo difícil que es el tema del acceso al agua en Nicaragua.
Entre 10 y 15 por ciento de la superficie del país está cubierta de agua. Posee dos lagos, más de 75 ríos y 30 lagunas. Pero, debido a la degradación ambiental, el abuso por parte de las compañías, la contaminación, falta de interés público y escasez en algunas regiones, un tercio de la población carece de acceso a agua potable. La situación es peor para los habitantes de zonas rurales, donde muchas familias están obligadas a usar agua de pozos, ríos y lagos sobrecargados con residuos domésticos, pesticidas y toxinas industriales.
El proyecto Mi Cuenca es parte de un esfuerzo de Global Water Initiative al costo de $150 millones, con la participación de siete agencias, programado para durar de 2006 hasta 2016.
Con el proyecto Mi Cuenca, Catholic Relief Services aborda desde una perspectiva integral la crisis del agua y el saneamiento en Nicaragua, desarrollando proyectos que tendrán un impacto duradero en la salud, la educación, el ambiente y el desarrollo económico. Las actividades incluyen el apoyo a las comunidades para que construyan letrinas e instalen pequeños sistemas de irrigación, así como alentar a los líderes comunitarios para que promuevan políticas a favor del agua. El proyecto actualmente ayuda a 1.100 familias a proteger y administrar las fuentes de agua, en 4 de los 15 departamentos de Nicaragua.
En el norteño departamento de Estelí, al que pertenece Potrerillo, solo 5 por ciento de las familias participantes en Mi Cuenca pueden irrigar sus campos. El resto está limitado a sembrar su maíz, frijoles y otros cultivos durante las dos temporadas de lluvia en el año. "La situación obliga a mucha gente a emigrar a Costa Rica o El Salvador durante los meses de sequía", explica Jorge Castellón, quien administra el proyecto en Nicaragua para CRS.
Para empeorar las cosas, mucha de la tierra en Estelí es montañosa y severamente erosionada, lo que causa derrumbes que contaminan las corrientes de agua y las lagunas. Por esta razón, Mi Cuenca enseña el mejor manejo de los acuíferos y prácticas agrícolas adecuadas, además de suministrar acceso al agua para usos agrícolas y domésticos.
Educación y riego para combatir la erosión
En Potrerillo, por ejemplo, el proyecto anima los agricultores a sembrar franjas de hierba que pueden usarse para alimentar el ganado, al tiempo de ofrecer barreras naturales que impiden los derrumbes y la erosión. CRS colabora en el combate a la erosión ayudando a reforestar áreas clave en los acuíferos. El proyecto también ayuda a algunos granjeros a instalar sistemas de irrigación por goteo en reemplazo de la técnica de riego por inundación, la cual desperdicia agua y causa erosión.
"Al conservar y hacer mejor uso del agua, estamos literalmente salvando vidas", dice Conor Walsh, representante de CRS en Nicaragua. “Sin agua no hay vida, así que al proteger el ambiente natural y enseñarle a la gente a conservar y aprovechar el agua, la ayudamos a permanecer en la tierra y llevar vidas más saludables y productivas".
Con el fin de asegurar que la gente continúe aplicando los métodos aprendidos una vez haya expirado el proyecto Mi Cuenca, CRS ayuda a las comunidades a organizarse y planificar para el futuro.
La gente de Potrerillo sabe de primera mano que el éxito frecuentemente depende más de la organización de la comunidad y de la administración que de lo que se hace con buena voluntad. Para ellos, el acueducto es un sueño acariciado largo tiempo, que hace cinco años se evaporó en una nube de conflicto en torno al uso de la tierra.
"Sabemos que este acueducto tendrá un impacto en la comunidad entera y debemos trabajar para resolver cualquier asunto que se interponga en el camino. Si no lo hacemos ahora, ¿Quién lo hará?", se pregunta Dávila.
Robyn Fieser es la asociada regional de comunicaciones para América Latina y el Caribe de CRS, con sede en Guatemala.
