Sobreviviente del terremoto describe el Apocalipsis
Por Michael Hill
Al finalizar el día, Karel Zelenka, representante de CRS en Haití, tenía una reunión más en su oficina del segundo piso del edificio de CRS en Puerto Príncipe, antes de regresar a su casa. Hablaba con un visitante sentado detrás de su escritorio.
De repente, todo cambio. Ni Haití, ni Zelenka jamás volverán a ser los mismos.
“Te sentías como si alguien te hubiera golpeado”, recordó al describir ese primer momento después de que el terremoto de magnitud 7 estremeciera al país caribeño el 12 de enero. “Todo comenzó a moverse”.
Cerca de 50.000 haitianos ahora llaman su casa al campo de golf del Club Petionville. CRS está distribuyendo bulgur, aceite vegetal y lentejas a los que viven en el campamento. El campamento ya incluye un mercado, salones de belleza improvisados y un lugar para hacer llamadas internacionales. Foto de Lane Hartill/CRS.
“Nos miramos mutuamente”, dijo sobre su visitante. “Sabíamos que teníamos que salir de allí. Por suerte, había dejado la puerta abierta”.
Corrieron por el largo corredor, el único camino de salida. La carrera no fue fácil porque lo que antes parecía ser sólido ya no era confiable. “Era como correr sobre un trampolín”, dijo Zelenka.
Encontraron la puerta de las escaleras y se dirigieron hasta el primer piso. “El ruido era increíble, todo el edificio se movía, las paredes y las vigas”, dijo.
Zelenka se cayó cuando iba bajando las escaleras. “En un momento parecía que iba hacia abajo pero de repente pensé que iba hacia arriba. Perdí el equilibrio y me caí. Pude levantarme. Estaba bien”.
Siguieron por otro pasillo, llegaron a la puerta y salieron a la seguridad del aire libre. Aún la tierra se movía. “Duró durante todo un minuto”, dijo. “Por eso fue tan destructivo”.
Se escuchaban gritos
Una vez que estuvo a salvo la primera reacción de Zelenka fue tratar de averiguar cómo estaba el personal de Catholic Relief Services (CRS). Casi 100 personas trabajan en la oficina de Puerto Príncipe y la mayoría estaba todavía adentro cuando ocurrió el terremoto. Salieron como un río. Algunos más despacio que otros. Uno se escondió debajo de un escritorio. Otro se quedó de pie bajo el umbral de una puerta. El edificio principal no se derrumbó. Muy pronto todos los que todavía estaban en el edificio se contaron y estaban bien. El destino de los que ya se habían marchado era desconocido. Finalmente Zelenka pudo confirmar que todos habían sobrevivido, aunque una de las mujeres había quedado atrapada en un supermercado que colapsó.
Entonces Zelenka comenzó a mirar a su alrededor. La inmensidad de la destrucción era evidente. En el recinto de CRS, el edificio que usaba el grupo de AIDSRelief estaba bastante averiado. En la calle, muchos edificios se habían derrumbado. “Había gran cantidad de polvo en el aire que se levantó de la ciudad”, dijo.
Los sonidos que acompañaban esta escena no pueden olvidarse. “Había tantos gritos y clamores. Para los muchos que vivieron esto, eso era todo lo que podían hacer, simplemente gritar, especialmente cuando descubrían lo que le había pasado a sus casas, sus familiares, vivos o muertos. Pasaron toda la noche en la calle”.
Zelenka buscó su celular y se dio cuenta que lo había dejado en su oficina. La tierra se sacudía de vez en cuando con réplicas. Nadie quería estar adentro. Consideró, dudó, luego entró y lo agarró.No sirvió de mucho ya que la torre del proveedor del servicio se había derrumbado.
Mientras Zelenka pasaba por la caseta de vigilancia, el guardia le dijo que tenía una llamada telefónica para él. “Nunca había usado ese teléfono”, dijo. “No sabía el número. No sabía si funcionaba”. Era Ken Polsky, representante regional para América Latina y el Caribe en la sede de Baltimore de CRS que había escuchado la noticia del terremoto. Zelenka dio una breve descripción de lo que había sucedido antes de que la llamada se interrumpiera. Ese fue uno de los primeros relatos de testigos oculares del terremoto en Puerto Príncipe. Diversos medios de prensa alrededor del mundo transmitieron su relato.
Noticias de la destrucción
Aunque la mayoría de los haitianos del personal fue a ver cómo estaban sus familias, Zelenka y otras personas se quedaron en el lugar mientras las calles se llenaban de escombros y de gente. “Realmente no querían ir a ningún lugar con las réplicas que aún hacían que el suelo pareciera gelatina. Algunos vecinos cercanos, cuya casa había sobrevivido, ofrecieron su patio como lugar para dormir.
Un voluntario dominicano descansa sobre un paquete de alimentos para la emergencia en Haití que ayudó a preparar en el almacén compartido de CRS y Cáritas Dominicana. Los paquetes se enviaron al vecino país de Haití. Foto de Sara A. Fajardo/CRS.
“Todos dormían afuera. Habían traído algunos almohadones. Nos acostamos cerca de la pared que bordea el jardín”, dijo. “Después de una de las réplicas, nos movimos. Teníamos miedo de que la pared nos cayera encima”.
Nuevamente los sonidos que nunca se irán de la memoria de Zelenka. “Había una iglesia cerca, no una iglesia católica, otro grupo”, dijo. “Estaban cantando porque eso es lo que hacen en esta iglesia, cantar una y otra vez, es su manera de rezar. Cada vez que había una réplica —y hubo muchas— los cantos se convertían en gritos”.
Durante la tarde, la noche y al día siguiente, llegaron las noticias. El Palacio presidencial estaba destruido. La Catedral se había derrumbado. El cuartel general de la policía y la prisión. La sede de las Naciones Unidas. Incluso el Hotel Montana, un magnífico centro vacacional con vista a la ciudad, una vitrina de opulencia en medio de la pobreza de Haití.
“Era tan difícil de creer”, dijo Zelenka. “Parecía como si hubieran decapitado el lugar”.
Las parroquias entre los primeros en brindar asistencia
Al día siguiente, Zelenka comenzó a contemplar lo que CRS podía hacer. Cáritas Haití, un socio local importante, estaba cerca. Dialogaron sobre las posibilidades, pero no había comunicación con nadie más en Puerto Príncipe, no había ninguna manera de evaluar o coordinar.
Aún así, CRS estaba mejor que muchos. Las provisiones que estaban destinadas a ayudar a víctimas de los huracanes: agua, alimentos, láminas plásticas, estaban en un depósito en Los Cayos, un puerto ubicado en la costa sur que salió relativamente ileso del terremoto. El personal que estaba allí se encontraba bien y comenzó a cargar sus vehículos. Zelenka dijo que la mayoría de esas provisiones nunca llegaron a Puerto Príncipe, fueron entregadas en ciudades como Leogane, al sudoeste de la ciudad capital, que también fue devastada por el terremoto.
Otras provisiones almacenadas en Puerto Príncipe, que pronto se incrementaron con suministros provenientes de la República Dominicana, llegaron a los sobrevivientes a través de parroquias católicas. “Teníamos que tener cuidado con lo que hacíamos con estos por cuestiones de seguridad”, dijo Zelenka. “No queríamos que hubiera caos”.
Con la extensión de la destrucción que se evidenciaba alrededor, Zelenka sabía que, aunque miles se beneficiaban con este trabajo, “era solo un granito de arena”.
Con los dos grupos que habrían organizado una respuesta, el Gobierno haitiano y las Naciones Unidas, fuera de servicio, todo era improvisado. Zelenka y su personal trabajaban afuera delante de su edificio. Incluso cuando un ingeniero declaró que el edificio era seguro, muchos permanecían en la calle. “Simplemente te ponía nervioso estar adentro”, dijo. “Las réplicas eran constantes, algunas bastante fuertes”.
Campo de golf se convierte en campamento
Un empleado de CRS fue al Petionville Club para echar un vistazo al campo de golf que se había convertido en el hogar de aproximadamente 50.000 haitianos protegidos por los militares estadounidenses. A CRS le asignaron alimentar a las personas en el improvisado campamento. Un barco que había zarpado días antes del terremoto con alimentos de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en ingés) para los programas de CRS, logró atracar en el dañado puerto de Puerto Príncipe. Ese envío, de granos y aceite de cocina, permitió que CRS alimentara a las multitudes en el campo de golf.
Al traer personal de Los Cayos y supervisar el regreso de su personal traumatizado en Puerto Príncipe, Zelenka ayudó a organizar varias distribuciones con el fin de atender a las multitudes que ahora dormían en la calle. “No están bajo carpas, sino debajo de sábanas que han extendido para tener un pequeño refugio y privacidad”.
Aunque la respuesta de CRS alcanza a más de 100.000 personas, mientras el personal —acrecentado por la llegada de muchas personas de todo el mundo— trabaja 18 horas por día, Zelenka sabe que aún hay cientos de miles que no han recibido ayuda alguna. Cuando escucha críticas acerca de la respuesta ante esta emergencia, sabe que viene de personas que no comprenden lo que ha sucedido en Puerto Príncipe, eso que él llama “el Apocalipsis” ocurrió en uno de los países más pobres del mundo, que, para comenzar, tenía muy poca infraestructura y ahora ya casi ni tiene.
“Es asombroso que hayamos podido hacer lo que se ha hecho”, dijo.
Oriundo de Praga, Zelenka ha visto mucho en más de dos décadas de trabajo de respuesta de emergencias para CRS y Cáritas: la guerra en Bosnia, la tragedia de Darfur, los combates en Kosovo, un terremoto en Macedonia, desorden en Zimbabue. Pero nunca había visto algo como este terremoto.
“No tiene precedentes”, dijo, utilizando esas palabras una y otra vez: la destrucción de un área tan densamente poblada, la cantidad de muertos, la cantidad de heridos, las pilas de escombros, la pobreza dominante. “Los terremotos son el peor tipo de tragedia humana, pero este no tiene precedentes”.
Dos semanas después del terremoto, Zelenka viajó a la sede de CRS en Baltimore para asesoría. Luego viajó a Roma para asesorar a los socios de Cáritas y para descansar un poco. Pronto regresará a Haití.
“Hay mucho trabajo por hacer”, dijo.
Cómo ayudar
- Done por teléfono: 1 (888) 277-7575
- Done por celular: Envíe un mensaje de texto que diga RELIEF al 25383 para donar 10 dólares.
- Done en línea: www.crsespanol.org
- Escriba un cheque:
Catholic Relief Services
P.O. Box 17090
Baltimore, Maryland 21203-7090
Por favor escriba "Haiti Earthquake" en la línea de memo de su cheque. - Envíenos un money order:
Hágalo a nombre de CRS/Haiti.
Michael Hill es el asociado de comunicaciones de la región de África subsahariana para Catholic Relief Services. Su oficina está en la sede mundial en Baltimore, Maryland.
Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.
