La irrigación alivia la crisis de las cosechas en Etiopía
Al acercarnos a la cima de la montaña se abre delante de nosotros un extenso panorama de campos color esmeralda, elevadas mesetas y granjas aisladas. Me han dicho que encontraré un paisaje semejante al de Arizona pero todavía me resulta difícil creer que esto es Etiopía. Y aun más difícil resulta creer que los agricultores que se divisan en la distancia estén afrontando una escasez de alimentos apremiante.
A medida que serpenteamos por la bajada podemos ver mejor los campos y lo que los etíopes denominan "hambre verde". Los tallos de maíz tienen sólo la mitad de la altura que deberían tener y debajo de las cabezas verdes se pueden ver hojas marrones mustias. Si pelamos una espiga, vemos hileras internas de granos anémicos que parecen espantosas sonrisas de dientes rotos con mellas enormes.
Las estaciones de lluvia han fallado y eso probablemente haga que millones de campesinos en toda Etiopía pierdan sus cultivos. Los campos parecen verdes, pero las plantas se están marchitando desde abajo hacia arriba. Foto por Debbie DeVoe/CRS
Un poco más adelante, pasamos un campo de trigo que parece una pradera abandonada de hierbas altas. “La cosecha es un fracaso total” dice Alem Brhane, sacudiendo la cabeza consternado. Es un coordinador de programas del Adigrat Catholic Secretariat para proyectos de desarrollo auspiciados por Catholic Relief Services. Brhane sabe que estos brotes altos y delgados significan que los agricultores no cosecharán nada en absoluto –ni siquiera para dar de comer al ganado.
Una crisis que empeora
La sequía en Etiopía llega periódicamente. Pero a comienzos de 2008, una temporada de escasas lluvias sorprendió a los agricultores ya que sucedió en zonas donde las familias generalmente pueden cultivar suficiente comida. En mayo, miles de niños empezaron a dar muestras de desnutrición porque que las familias de los agricultores tenían poco o nada para comer.
Los sucesivos retrasos en la siembra de los cultivos de ciclo largo y la continuada escasez de lluvias han empeorado la situación. Otros millones de agricultores afrontarán el fracaso de los cultivos en la próxima cosecha de octubre y noviembre y esto reducirá drásticamente la reserva de provisiones para el año que viene.
“La escasez de alimentos en Etiopía puede empeorar mucho”, explica Lane Bunkers, representante de CRS en Etiopía. “El gobierno etíope y las agencias de asistencia humanitaria ya han agotado las provisiones locales para dar de comer a los más necesitados. Se necesitan más alimentos y cuanto antes, para poder distribuirlos a las personas que tienen sus despensas vacías y – lo que es peor – los graneros vacíos”.
A principios de septiembre, CRS firmó un acuerdo por $53.4 millones con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) con el fin de suministrar 75.140 toneladas métricas de alimentos a casi 3 millones de etíopes afectados por la sequía –una cantidad como para llenar un barco carguero. Tal como hicimos en otras emergencias críticas, CRS encabezará las actividades de ayuda humanitaria de los seis socios del consorcio Joint Emergency Operational Plan.
Ya están en camino remesas de sorgo, trigo, legumbres, mezcla de maíz y soja y aceite vegetal, y se espera su llegada para fines de octubre. El consorcio transportará y distribuirá alimentos donados por EE. UU. a las personas identificadas como las más necesitadas.
CRS ha recibido también tres subvenciones de emergencia de la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, que totalizan más de $1.75 millones. Se han utilizado estos fondos para distribuir semillas en agosto y setiembre a 16.000 agricultores necesitados, y en los meses próximos servirán para financiar la rehabilitación, desarrollo y ampliación de los recursos hídricos en comunidades gravemente afectadas.

Los sistemas hídricos y el riego a pequeña escala que se han desarrollado con apoyo de CRS han permitido a agricultores como Yihdega Tesfay producir verduras que pueden cosechar y vender dos o tres veces al año, reduciendo así su dependencia de cultivos regados por la lluvia. Foto por Debbie DeVoe/CRS
Desafiar la sequía
Sin embargo, no todas las comunidades de las regiones azotadas por la sequía tendrán que afrontar el hambre. Algunas han recibido unas preciadas ráfagas de lluvia que han mantenido con vida sus cultivos. Otras han realizado proyectos de desarrollo para escapar del ciclo de la sequía y la desesperación.
“Aunque mis cultivos en terrenos regados con agua de lluvia sufrirán, en comparación con otros, yo sufriré menos los efectos de la sequía, gracias al riego”, nos dice Leteyohanes Yohanes, una agricultora de la aldea de Kokeb-Tsibah. En los últimos dos años, Leteyohanes y sus vecinos han estado plantando verduras en pequeñas parcelas regadas por un sistema hídrico construido con el apoyo de CRS. Ahora su familia completa su alimentación básica de cebada, arvejas y frijoles, con verduras de su huerto. También puede utilizar los ingresos que obtiene vendiendo la verdura excedente para comprar más alimentos y cuidar a sus padres.
Teklu Madgu, un dinámico padre de 6 hijos, de 67 años, salta alegremente mientras nos explica los beneficios que le ha traído el riego. Nos muestra con orgullo su huerto y explica que ahora puede cosechar verduras tres veces al año. Solo en esta cosecha y a pesar de la sequía, Teklu ganó unos $155 por la venta de tomates, pimientos verdes, ajos, cebollas, frijoles, naranjas y otros productos, en un país cuyos ingresos medios anuales se estiman en menos de $125 por persona. Utilizó sus ingresos más recientes en comprar maíz para la familia y para hacer el pago inicial para la compra de una colmena que le permitirá obtener ingresos adicionales.
En otra aldea cercana, Yihdega Tesfaym, aunque es muda, nos dice todo con su amplia sonrisa. Mientras me enseña el gran pozo cavado a mano y su huerto irrigado, Brhane explica que ella sola mantiene a sus tres hijos. Gracias a las mayores ganancias que obtiene por vender verduras, en lugar de granos más comunes, Yihdega ahora puede mandar a sus hijos al colegio. Cuando llama al hijo mayor para que lo veamos, su orgullo es evidente.

Los campos irrigados permiten a los etíopes como Teklu Madgu resistir las sequías ya que les dan una fuente de alimentos e ingresos aunque fallen los cultivos regados con lluvias. Foto por Debbie DeVoe/CRS
Ayudar a los agricultores a ayudarse
El gobierno de Etiopía y las organizaciones humanitarias deben adoptar todas las medidas posibles para ayudar a quienes afrontan el hambre. En tanto CRS espera la llegada de más barcos con alimentos, la agencia trabaja con USIAD para traer 1.500 toneladas métricas de mezcla de maíz y soja desde Yibuti para distribuirlas en septiembre a los ancianos y las madres embarazadas y lactantes en las regiones más afectadas por la sequía.
Anteriormente CRS entregó $125.000 de fondos privados al Secretariado Católico de Etiopía y $150.000 a las Misioneras de la Caridad para financiar alimentación de emergencia y otros servicios en los lugares más necesitados.
Pero no se puede ignorar el mañana.
“Las comunidades donde en los últimos años hemos instalado proyectos agrícolas y de irrigación a largo plazo están soportando la sequía mucho mejor que su vecinos”, nos indica Bunkers, el representante de CRS. “Seguiremos haciendo todo lo posible para brindar ayuda de emergencia, y también exhortamos a los donantes a que financien proyectos de desarrollo a largo plazo, con el fin de prevenir futuras crisis”.
Debbie DeVoe es la asociada regional de comunicaciones de Catholic Relief Services para África Oriental, con sede en Nairobi (Kenia). Recientemente ha visitado proyectos agrícolas y de irrigación de la zona este y norte de Etiopía.
Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.
