Un pequeño préstamo hace crecer un negocio en México

Por Hilda M. Perez

En medio del laberinto de calles rocosas que serpentea por las colinas de Colonia del Valle en Nogales, Sonora, una construcción de hormigón de dos habitaciones aloja el espíritu empresarial mexicano y un negocio próspero.

Patricio Felix y su esposa.

Patricio Felix y su esposa Guadalupe García hacen tortillas en su hogar de Colonia Del Valle en Nogales, Sonora, México. Foto por Hilda M. Perez para CRS

Cuando el sol se eleva por encima de esta comunidad en la colina, Patricio Felix toma un recipiente con más de 1.200 tortillas que él y su esposa Guadalupe García prepararon con sus manos. Entonces sale a distribuirlas a los abarrotes locales, que son tiendas pequeñas. Gracias a las ganancias obtenidas pudo comprarse un auto y ya no tiene que entregar sus tortillas a pie.

“Antes me llevaba unas cinco horas; ahora me lleva un poco menos de una hora. Eso significa que puedo abarcar una zona más grande y tener más clientes”, dice Patricio, que aprendió a hacer tortillas cuando de niño observaba a su madre. Más adelante le enseñó ese arte a Guadalupe.

Cuando se firmó el NAFTA (el Tratado de Libre Comercio de América del Norte) en 1994, tuvo como consecuencia un desarrollo de las maquiladoras (fábricas) que significaron una importante fuente de empleos, no solo para los habitantes de las ciudades fronterizas sino para migrantes de muchas partes de México que viajaron al norte a trabajar en estas nuevas plantas de asemblaje. Pero ahora muchas de estas maquiladoras, de dueños estadounidenses, están cerrando porque buscan mano de obra más barata en el extranjero. Los cierres han tenido un papel importante en la crisis económica de la frontera. Dejaron a miles de hogares sin su principal fuente de ingresos y apoyo. Un gran segmento de los desempleados son mujeres y madres solteras.

Catholic Relief Services México lanzó un proyecto de microfinanzas, EnComún de la Frontera (InCommon Borders) para brindar asistencia, capital circulante y servicios financieros a los trabajadores desplazados, y ayudarlos a construir sus negocios en una economía informal. Hoy en día el proyecto está funcionando en Nogales, Sonora, unos 100 kilómetros al sur de Tucson, Arizona. También se está extendiendo a las ciudades fronterizas de Agua Prieta en el estado de Sonora y Ciudad Juárez en el estado de Chihuahua. El proyecto tiene como meta alcanzar a unas 6.500 personas y recibió un subsidio de la Alianza para el Desarrollo Global (Global Development Alliance) por intermedio de la Agencia de EE. UU. para el Desarrollo Internacional y también un donativo de $1.5 millones de la Fundación Howard G. Buffett.

“Intentamos mejorarles la vida haciendo que su negocio crezca. Podrán tener más opciones en la vida. Se trata de comercio, producción y servicio”, explica José Carlos Mendoza, director de EnComún de la Frontera.

“Estamos muy felices”


El crecimiento de su negocio con este proyecto de microfinanzas le ha permitido a Patricio y Guadalupe comprar una mezcladora de masa. En consecuencia pueden hacer más tortillas, casi 2.400 por día, que venden a entre 85 centavos y $1 la docena. Han visto cómo su negocio ha crecido hasta tener unos 40 clientes, incluyendo a una vecina, Mariana, que vende burritos y depende de un gran pedido diario de tortillas. “Sus tortillas son las mejores. Tienen un gran sabor y no se desboronan. No están llenas de conservantes, pero duran más”.

negocio de tortillas.

Un proyecto de microfinanzas apoyado por CRS ayudó a Patricio y Guadalupe a ampliar su negocio de tortillas. Foto por Hilda M. Perez para CRS

“El poder comprar equipo… ha sido fantástico. No estamos invirtiendo solo en un negocio sino en nuestro medio de vida”, dice Guadalupe, que trabajó por poco tiempo en una compañía de plásticos en Tucson. Patricio antes trabajaba como guardia de seguridad en una maquiladora.

“Nos ha permitido pasar más tiempo con nuestros hijos, y no tenemos que aguantar que nos griten o nos digan qué debemos hacer. Lo que le ponemos, lo sacamos”, agrega Patricio.

A pesar de la subida del precio de la harina y los ingredientes necesarios para hacer tortillas, la pareja está a un mes de terminar de pagar su camioneta Ford. Tienen la esperanza de construir un anexo debajo de su hogar donde pondrían una pequeña tienda. Trabajan siete días a la semana, unas 6 a 8 horas a partir del final de la tarde y hasta bien entrada la noche, lo que asegura que el producto estará fresco y listo para ser entregado la mañana siguiente.

Guadalupe se engrasa las manos ampolladas con manteca de cerdo y rápidamente forma bolitas de masa. Al volver del reparto, Patricio trabaja junto a su esposa, usando una parrilla eléctrica que ha adaptado para que funcione con propano. Aplasta una bola de masa y el vapor se eleva de los bordes de la pequeña plancha. Con los dedos estira la masa caliente y delgada, la levanta suavemente y le da palmadas con una y otra mano antes de echarla en la sartén de hierro donde Guadalupe la cuece, le da vuelta y la coloca sobre la mesa.

“Es un trabajo duro. Realmente duro”, dice Patricio. “Pero estamos muy felices.”

Hilda Pérez es una reportera gráfica que tiene su base en Orlando, Florida. Hilda recientemente sacó fotos y escribió relatos de los programas de CRS en México y Honduras.

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