Un hogar único en Guyana

Por Kai Hill y Lloyda Nicholas

El edificio de tres pisos enclavado en la sección sur de la capital de Guyana, Georgetown, luce modesto a primera vista. Se ve igual que cualquier otra casa del vecindario, hasta que alguien infectado con VIH llega a su puerta.

Un paciente acompañado de dos enfermeras del centro de atención San Vicente de Paúl.

Un paciente acompañado de dos enfermeras del centro de atención San Vicente de Paúl. Foto por Thibaut Williams./CRS

Desde su apertura en marzo del año 2007, el centro de atención San Vicente de Paúl, una instalación de 18 camas para estancia temporal, ha proporcionado consejo y cuidado de rehabilitación a personas con VIH. Referidos de cuatro hospitales locales, pacientes de toda clase llegan al centro usualmente agotados física y mentalmente. Aun así, adherirse a la medicación es frecuentemente su mayor obstáculo.

Una vez en el centro los pacientes reciben tratamiento, consejo extenso sobre adhesión, así como el cuidado y apoyo que necesitan para recuperar su fortaleza a fin de llevar vidas saludables.

"Estoy feliz por la oportunidad de hacer algo con mi vida", dice Sceon, un paciente que hace trabajo voluntario en el centro agradecido por el cuidado recibido. Más adelante fue contratado como obrero a tiempo parcial.

El hombre de 26 años de edad, sordo y VIH-positivo, cayó gravemente enfermo con tuberculosis el año pasado, y aún así, dejó de tomar sus medicamentos. Fue ingresado al Hospital Público de Georgetown, donde su condición se estabilizó. Pero todavía estaba muy débil para regresar a casa. En mayo de 2007 fue admitido en San Vicente, donde el personal lo sometió a un estricto régimen de medicamentos.

Sceon es cortés y trabajador. Puede leer labios muy bien y es fácil de conversar normalmente con él.

Su permanencia en el centro lo ayudó a recuperar las fuerzas. "Ellos [el personal] fueron muy amorosos y siempre tuve mis medicina y comidas a tiempo", dice Sceon, quien trata al personal del centro como su propia familia.

Vida de compromiso

El centro ha tenido un flujo regular de usuarios desde su apertura. Muchos de los pacientes sufren de no adherencia a los antirretrovirales o a los medicamentos para enfermedades relacionadas con VIH.

Sceon es un antiguo paciente del centro San Vicente de Paúl, y ahora trabaja allí como obrero a tiempo parcial.

Sceon es un paciente del centro San Vicente de Paúl, y ahora trabaja allí como obrero a tiempo parcial. Foto por Thibaut Williams/CRS.

"A la mayoría de la gente en Guyana cuando se le indica un tratamiento de antibióticos de 7 a 10 días, no lo completan", dice la Dra. Pamela Marks, asesora técnica de tratamiento para el sida. "Los antirretrovirales son medicamentos que deben tomarse a una hora fija todos los días. Es una terapia de toda la vida… Las razones específicas para pobre adherencia surgen de la carga de medicamentos (demasiadas pastillas), sensación o aspecto saludable y no haberle revelado a los amigos o la familia el estatus de VIH".

En el centro, la adherencia se asegura por la estricta administración de las medicinas. A esto se añaden consejos sobre adherencia por parte de la trabajadora social del centro. Los pacientes también reciben un estricto monitoreo clínico por los médicos del centro, de modo que ellos mismos pueden constatar su progreso.

Además, cada paciente que deja el centro es asignado a un trabajador de salud a domicilio que continúa monitoreando la adherencia del paciente y sus necesidades psicosociales. En el centro se han creado grupos de apoyo, y hay otra entidad local que ofrece cuidado a personas con VIH.

Los fondos para abrir el centro fueron proporcionados por AIDSRelief (siglas en inglés), un consorcio de organizaciones encabezado por Catholic Relief Services orientado a contener la propagación del VIH y ofrecer tratamientos completos a personas con VIH. CRS también le proporciona al centro San Vicente asistencia técnica y capacitación.

Este es el primer centro de su clase en Guyana. Antes de abrirlo, CRS dio varios pasos para minimizar el estigma en la comunidad. Se encuestó a los residentes y se lanzó una campaña de concienciación en las escuelas, iglesias y centros de salud cercanos.

"Hasta la fecha no hemos tenido ninguna reacción negativa a la presencia del centro", dice su administradora Emily Cumberbatch, resaltando lo acogedora que ha sido la comunidad hacia los pacientes.

"Los usuarios y el personal del centro utilizan los servicios de una empresa de taxis vecina para transporte. A los usuarios se les permite acceso a los servicios comunitarios como el café de Internet”.

Kai T. Hill es productora asociada de Internet de CRS. Trabaja en la sede central de Baltimore. Lloyda Nicholas es asistente de programa de CRS-Guyana.

Si quiere hacer un comentario o alguna pregunta a Catholic Relief Services acerca de esta nota, por favor escríbanos a comentarios@crs.org.